Caso Coral: condenados los protagonistas, pero el sistema sigue en el banquillo.


La sentencia emitida por el Primer Tribunal Colegiado del Distrito Nacional en los casos Coral y Coral 5G constituye, sin duda, uno de los acontecimientos judiciales más trascendentales de los últimos años en la República Dominicana. Las condenas impuestas a altos oficiales militares, policiales y civiles envían un mensaje contundente de que el ejercicio del poder público no debe convertirse en un mecanismo de enriquecimiento personal ni de apropiación de recursos estatales.

Sin embargo, una valoración seria de esta decisión exige ir más allá de los titulares y de las reacciones inmediatas.

Desde la óptica institucional, el Ministerio Público puede exhibir el fallo como una importante victoria procesal. Después de varios años de investigación, cientos de pruebas documentales, decenas de testigos y un juicio complejo, logró que el tribunal acogiera aspectos esenciales de su teoría del caso y dictara condenas severas contra varios de los principales acusados.

Pero reducir el análisis a una simple celebración sería un error.

En un Estado de Derecho, las condenas no representan el final del proceso judicial. La verdadera fortaleza de una acusación se mide cuando esta resiste el escrutinio de las jurisdicciones superiores. Las apelaciones que inevitablemente se presentarán pondrán a prueba la solidez jurídica de la sentencia, la valoración de las pruebas y el respeto a las garantías fundamentales de los condenados.

Existe además una pregunta que trasciende el debate penal: ¿qué recuperará realmente el Estado dominicano?

La lucha contra la corrupción no puede limitarse a la imposición de años de prisión. El principal daño causado por estos esquemas es económico. Cuando fondos públicos son desviados, la sociedad pierde recursos destinados a seguridad, salud, educación e infraestructura. Por ello, el verdadero éxito de este proceso deberá medirse también por la capacidad de recuperar bienes, decomisar activos ilícitos y devolver al patrimonio público aquello que, según la acusación, fue obtenido mediante actos de corrupción.

Otro aspecto que merece reflexión es el impacto institucional de este caso. Durante décadas, una parte importante de la ciudadanía desarrolló la percepción de que determinados sectores del poder gozaban de una especie de inmunidad práctica frente a la justicia. Sentencias de esta magnitud contribuyen a desmontar esa percepción, pero la confianza pública no se recupera con una sola decisión judicial. Se construye mediante la consistencia de las instituciones y la aplicación uniforme de la ley, sin importar el rango, la influencia o la posición social de los procesados.

También resulta necesario evitar la tentación de convertir la justicia en un espectáculo político. Los tribunales no están llamados a satisfacer emociones colectivas ni a responder a intereses partidarios. Su misión es determinar responsabilidades penales conforme a las pruebas y al derecho. Una sentencia sólida no es aquella que genera más aplausos, sino aquella que puede sostenerse jurídicamente frente a cualquier revisión.

Los casos Coral y Coral 5G dejan una lección fundamental: la corrupción administrativa no es un problema aislado de individuos, sino una manifestación de debilidades estructurales en los mecanismos de control estatal. Si las instituciones no corrigen esas vulnerabilidades, nuevos esquemas de corrupción podrían surgir en el futuro, independientemente de quién ocupe posiciones de poder.

Por ello, la verdadera trascendencia de esta sentencia no radica únicamente en las condenas impuestas, sino en la capacidad del Estado dominicano para transformar esta experiencia en una oportunidad de fortalecimiento institucional.

Las penas de prisión son importantes. La recuperación de activos es indispensable. Pero la prevención de futuras estructuras corruptas debe ser el objetivo superior.

Solo entonces podrá afirmarse que el país obtuvo una victoria auténtica contra la corrupción y no simplemente una victoria judicial circunstancial.



Wilandy Almonte Sarita, M.A.
Abogado | Director Editorial
La Voz Nacional
Más allá de la noticia, el análisis de los hechos.