La Biblia enseña que la salvación es una iniciativa divina que se hace realidad en la vida de quien cree en Jesucristo.
La Biblia, la Palabra de Dios, nos enseña que la salvación es una iniciativa divina; es decir, nace en el profundo y amoroso corazón de Dios, quien, al ver la desgracia en la que había caído la humanidad (llámese desobediencia), decidió buscar al ser humano.
Sin embargo, la salvación solo se activa cuando el pecador une su decisión a la decisión de Dios, entrando en una experiencia personal entre lo divino y lo humano. Esto sucede cuando respondemos al llamado del Espíritu Santo y ejercemos fe en la persona viva de Jesucristo.
Fundamentemos este concepto
1. Inicia en Dios
Para tomar la iniciativa de salvar al pecador, esta acción debía brotar de un corazón que amara al pecador más de lo que el mismo pecador podría amarse. La Biblia lo confirma en 1 Juan 4:8, cuando declara que “Dios es amor”. Solo Dios puede amarte así.
Y, como el verdadero amor nunca busca lo suyo, sino que siempre da, podemos afirmar que la mayor demostración de amor está en entregarse por lo que se ama. Es precisamente allí donde entra en acción la gracia de Dios.
La gracia es el regalo de la salvación, una salvación que no merecemos. Esta no solo es inmerecida, sino también superior a nuestras expectativas; pero Dios ha decidido darla y mantenerla vigente para quien desee valorar y abrazar dicha dádiva.
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio…” (Juan 3:16).
“Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.” (Romanos 6:23).
“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe…” (Efesios 2:8-9).
Dios es quien planifica, ofrece e inicia la salvación.
2. Apunta al corazón del hombre
Dios es quien, con su gracia salvadora, apunta al corazón del ser humano y, mediante la obra del Espíritu Santo, nos lleva a un estado de reconocimiento interno, confesión y entrega.
Jesús dijo que el Espíritu Santo convencería “de pecado, de justicia y de juicio” (Juan 16:8).
Sin esa obra del Espíritu, el ser humano no reconocería su necesidad de un Salvador.
3. Se recibe al creer en Jesucristo
La salvación se recibe por la fe en Jesucristo.
“Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo…” (Hechos 16:31).
“Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón… serás salvo” (Romanos 10:9-10).
Y es así como, por medio de nuestra confesión de Cristo, nuestra fe va echando raíces y cosechamos con gozo los frutos de la salvación.
El apóstol Pedro y su confesión constituyen un ejemplo y un punto de partida para todo aquel que cree que Jesucristo es el Señor:
“Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.” (Mateo 16:16).
Antes de hablar de la iglesia o del discipulado, Jesús llevó a sus discípulos a responder la pregunta decisiva:
“Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” (Mateo 16:15).
La salvación comienza a hacerse realidad en la vida de una persona cuando reconoce por fe que Jesús es el Salvador, que es la Esperanza bendita de todo el que anhela una vida mejor, que es el Hijo del Dios viviente.
Conclusión
La salvación nace en el corazón de Dios.
Es revelada por el Espíritu Santo.
Y comienza a hacerse realidad en la vida de todo el que reconoce y acepta a Cristo como su Único y suficiente Salvador.
Hoy es un buen día para confesar con nuestra boca que Cristo es nuestro Salvador y creer con todo el corazón que solo en Él hay salvación.

Redacción La Voz Nacional
Equipo Editorial | La Voz NacionalContenido elaborado y revisado por el equipo editorial de La Voz Nacional, comprometido con informar con responsabilidad, equilibrio e interés público.
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