Pablo nos recuerda que la iglesia pertenece a Cristo y que ninguna preferencia personal debe ser más importante que la unidad entre los hermanos.
La iglesia de Corinto tenía buenos predicadores y muchos dones, pero también sufría divisiones. Algunos hermanos habían formado grupos alrededor de sus dirigentes preferidos. Pablo los llamó a dejar las rivalidades y volver a colocar a Jesús en el centro. Esta lección también nos invita a revisar cómo estamos tratando a nuestros hermanos.
Contexto histórico
Corinto era una ciudad comercial, próspera y culturalmente diversa. Pablo llegó allí durante su segundo viaje misionero y permaneció aproximadamente un año y medio enseñando el evangelio.
La congregación creció, pero algunas costumbres de aquella sociedad competitiva entraron en la iglesia. Los creyentes comenzaron a comparar a sus dirigentes y a formar bandos alrededor de Pablo, Apolos y Cefas.
Contexto bíblico
Pablo enfrentó esta situación en los primeros capítulos de 1 Corintios. Su propósito no era eliminar las diferencias entre los hermanos, sino enseñarles que todos pertenecían a Cristo.
El texto para memorizar declara:
«Les ruego hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que hablen todos una misma cosa y que no haya entre ustedes divisiones. Antes, estén perfectamente unidos en una misma mente y un mismo parecer» (1 Corintios 1:10).
Sábado 11 de julio: Unidad en Cristo
Versículo: 1 Corintios 1:10.Estar unidos no significa que todos tendremos las mismas opiniones. Significa que, aun siendo diferentes, reconocemos a Jesús como nuestro Señor y aprendemos a tratarnos como hermanos.
Podemos conocer la Biblia y participar activamente en la iglesia, pero todavía necesitar que Dios transforme nuestro carácter. La verdadera unidad comienza cuando dejamos el orgullo y permitimos que Cristo gobierne nuestras palabras y decisiones.
Para reflexionar: ¿Mis palabras están ayudando a unir la iglesia o están provocando más división?
Domingo 12 de julio: El problema de los grupos cerrados en la iglesia
Versículo: 1 Corintios 1:12 y 13.«Quiero decir, que cada uno de ustedes afirma: “Yo soy de Pablo”, “yo de Apolos”, “yo de Cefas” o “yo de Cristo”. ¿Está dividido Cristo?».
Es normal tener amigos dentro de la iglesia. El problema surge cuando nuestros grupos se convierten en círculos cerrados y hacen sentir rechazados a otros hermanos.
También podemos admirar a un pastor o dirigente, pero nunca debemos colocar a una persona en el lugar que le corresponde a Jesús. Los dirigentes son servidores; Cristo es el dueño de la iglesia.
Para reflexionar: ¿Estoy recibiendo a los demás o solamente comparto con mi grupo de siempre?
Lunes 13 de julio: Centrados en Jesús
Versículo: 1 Corintios 1:13.«¿Está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por ustedes? ¿O fueron bautizados en el nombre de Pablo?».
Ningún dirigente murió para salvarnos. Podemos valorar el trabajo de nuestros pastores, ancianos y maestros, pero nuestra fe debe permanecer centrada en Jesús.
Cuando Cristo ocupa el primer lugar, dejamos de competir por preferencias y comenzamos a trabajar juntos. No siempre estaremos de acuerdo, pero podemos conversar y tratarnos con respeto.
Para reflexionar: Cuando alguien piensa diferente, ¿reacciono como lo haría Jesús?
Martes 14 de julio: Sabiduría y madurez
Versículo: 1 Corintios 3:3.«Mientras haya entre ustedes celos y contiendas, ¿no serán carnales y andarán como hombres?».
La madurez espiritual no se mide solamente por los años que llevamos en la iglesia o por los cargos que hemos ocupado. También se refleja en nuestra manera de reaccionar.
Una persona madura sabe escuchar, reconoce cuando se equivoca y no necesita humillar a nadie para demostrar que tiene razón. Los celos, el orgullo y las rivalidades indican que todavía necesitamos crecer.
Para reflexionar: ¿Qué actitud debo entregar hoy al Señor?
Miércoles 15 de julio: Servicio semejante al de Cristo
Versículos: 1 Corintios 4:1 y 2; Filipenses 2:5-8.«Haya en ustedes esta manera de pensar que hubo también en Cristo Jesús» (Filipenses 2:5).
Jesús tenía toda la autoridad, pero decidió servir. Ese es el modelo que debe seguir todo dirigente cristiano.
Un cargo dentro de la iglesia no fue dado para sentirse superior, sino para servir con responsabilidad y humildad. También podemos servir sin ocupar una posición. Dios valora aquello que hacemos con sinceridad, aunque nadie mencione nuestro nombre.
Para reflexionar: ¿Estoy sirviendo por amor o esperando reconocimiento?
Jueves 16 de julio: Un estilo de vida que refleja la Cruz
Versículos: 2 Corintios 11:23-28; Colosenses 1:24.Pablo soportó prisiones, golpes, hambre y peligros por causa del evangelio. Su ministerio no estaba basado en la comodidad ni en la búsqueda de prestigio.
Reflejar la Cruz significa estar dispuestos a renunciar al orgullo, pedir perdón y ayudar aunque represente un sacrificio. La Cruz no debe ser solamente un tema que predicamos; debe notarse en nuestra conducta.
Para reflexionar: ¿A qué debo renunciar para servir mejor a Dios y a mis hermanos?
Viernes 17 de julio: Para estudiar y meditar
Versículo: Juan 17:21.«Para que todos sean uno; como tú, Padre, en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros».
Jesús oró por la unidad de sus seguidores porque sabía que una iglesia unida sería un testimonio poderoso ante el mundo.
La unidad no significa encubrir lo incorrecto. Los problemas deben tratarse con verdad, pero también con amor y propósito de restauración. Podemos corregir sin humillar y defender lo correcto sin destruir a nadie.
Para reflexionar: ¿Hay algún hermano con quien necesito conversar, pedir perdón o buscar reconciliación?
Enseñanzas principales
- Jesucristo es el centro y fundamento de la iglesia.
- Unidad no significa que todos tengamos que pensar igual.
- Los dirigentes son servidores de Dios y no dueños de la congregación.
- Los celos y las rivalidades revelan falta de madurez espiritual.
- El verdadero liderazgo sigue el ejemplo humilde de Jesús.
- Nuestra manera de tratar a los hermanos también forma parte del evangelio.
Aplicación práctica
Durante esta semana podemos evitar comentarios que produzcan división, acercarnos a alguien que se sienta solo, orar por nuestros dirigentes y conversar directamente con el hermano con quien tengamos alguna diferencia.
También debemos revisar nuestras motivaciones. Si servimos, que sea por amor a Dios y no para recibir aplausos. Si tenemos que corregir algo, hagámoslo con verdad, prudencia y respeto.
Reflexión final
No siempre pensaremos igual, pero todos fuimos llamados por el mismo Señor. Por eso, nuestras diferencias no deben ser más grandes que nuestra fe.
Que Dios nos ayude a dejar las rivalidades, abrir nuestros grupos, servir con humildad y buscar la reconciliación. La iglesia no pertenece a Pablo, Apolos, un pastor o un dirigente. La iglesia pertenece a Jesucristo.
Análisis | La Voz Nacional
La situación de Corinto demuestra que una iglesia puede tener conocimiento, dones y buenos predicadores, pero continuar afectada por rivalidades. El problema comenzó cuando algunos hermanos colocaron sus preferencias personales por encima de su identidad en Cristo.
Esa realidad también puede presentarse en nuestras congregaciones. A veces comparamos pastores, defendemos dirigentes o rechazamos una idea solamente porque proviene de alguien que no pertenece a nuestro grupo. Sin darnos cuenta, una simple preferencia puede convertirse en motivo de división.
Pablo no enseñó que los dirigentes fueran innecesarios. La iglesia necesita pastores, ancianos, maestros y personas dispuestas a asumir responsabilidades. Sin embargo, todos ellos son servidores. Nuestra fe no puede depender de una figura humana, porque solamente Cristo murió por nosotros.
Esto tampoco significa que debamos guardar silencio cuando algo está mal. La unidad bíblica no consiste en encubrir errores o evitar conversaciones necesarias. Los problemas deben tratarse con sinceridad, pero con el propósito de encontrar una solución y restaurar las relaciones.
La diferencia está en la manera de actuar. No es lo mismo corregir que humillar. No es lo mismo buscar justicia que actuar por venganza. Tampoco es lo mismo conversar directamente con un hermano que difundir comentarios sobre él.
Cada miembro tiene una responsabilidad en el ambiente espiritual de la congregación. Una palabra puede calmar un conflicto o empeorarlo. Un saludo puede ayudar a una persona que se siente sola. Una disculpa sincera puede comenzar a sanar una relación dañada.
La unidad de la iglesia no depende únicamente del pastor o de la junta. Comienza en el corazón de cada uno. Antes de señalar a los demás, debemos preguntarnos si nuestras palabras y acciones reflejan verdaderamente el carácter de Jesús.
Una iglesia madura no es aquella donde nunca existen desacuerdos. Es aquella donde los hermanos aprenden a resolverlos con oración, verdad, respeto y amor cristiano.
Autor: Wilandy
Fuentes consultadas
-
- Manual de Escuela Sabática para adultos en español.
- Lección 3: Unidad en Cristo.
- Santa Biblia: Hechos 18; 1 Corintios 1–4; Filipenses 2:5-8; 2 Corintios 11:23-28; Colosenses 1:24 y Juan 17:20-23.
- Elena G. de White, Los hechos de los apóstoles.
- Elena G. de White, Testimonios para la iglesia, tomo 4.








Redacción La Voz Nacional
Equipo Editorial | La Voz NacionalContenido elaborado y revisado por el equipo editorial de La Voz Nacional, comprometido con informar con responsabilidad, equilibrio e interés público.
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