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Abinader asume la presidencia del PRM y coloca la sucesión de 2028 en el centro del escenario político

Luis Abinader habla desde un podio durante una actividad del Partido Revolucionario Moderno, con el logo del PRM visible en el escenario

El mandatario prometió no utilizar la dirección del partido para imponer a su sucesor, aseguró que mantendrá separados al Gobierno y al PRM y proyectó a la organización oficialista permaneciendo en el poder después de las elecciones de 2028.

Santo Domingo, República Dominicana.– El presidente de la República, Luis Abinader, fue proclamado y juramentado este domingo 6 de septiembre como presidente del Partido Revolucionario Moderno (PRM) para el período 2026-2030, una decisión que abre una nueva etapa en la organización oficialista y coloca inevitablemente la sucesión presidencial de 2028 en el centro del debate político nacional.

Abinader había sido escogido por aclamación en agosto para encabezar la organización y asumió formalmente el cargo durante el cierre de la XXIV Convención Nacional Ordinaria Orlando Jorge Mera. Su llegada a la dirección partidaria ocurre cuando faltan menos de dos años para unas elecciones presidenciales en las que él no podrá presentarse nuevamente.

Pero el elemento políticamente más relevante de su discurso no fue la juramentación.

Fue su mensaje sobre quién debe sucederlo.

Abinader promete no escoger a su heredero

El mandatario afirmó que presidir el PRM no significa que utilizará la estructura partidaria para fabricar o imponer una candidatura presidencial.

“No llego a la presidencia de este partido para construir una candidatura ni para imponer un heredero o heredera política”.

Abinader sostuvo que su responsabilidad no será escoger a la persona que deberá sucederlo en la Presidencia de la República, sino preservar las condiciones para que las aspiraciones puedan competir dentro de las reglas internas de la organización.

La declaración adquiere especial importancia debido a que dentro del oficialismo ya existe una competencia abierta por la candidatura presidencial de 2028.

Entre las figuras que han manifestado o desarrollado aspiraciones se encuentran el ministro de Turismo, David Collado; la alcaldesa del Distrito Nacional, Carolina Mejía; la vicepresidenta Raquel Peña; Wellington Arnaud, Eduardo Sanz Lovatón y otros dirigentes de la organización.

Collado y Mejía aparecen actualmente entre los nombres de mayor visibilidad dentro de la carrera oficialista, mientras mediciones publicadas durante 2026 han colocado a Collado con una ventaja significativa en determinados escenarios de preferencia interna. Eso, sin embargo, no equivale a una candidatura definida: el proceso de selección todavía tiene etapas políticas y partidarias por delante.

¿Puede Abinader ser realmente neutral?

Esa será probablemente una de las preguntas políticas fundamentales de los próximos meses.

Abinader llega a la presidencia del PRM siendo simultáneamente presidente de la República, líder de mayor peso dentro del oficialismo y figura con influencia considerable sobre dirigentes, funcionarios, legisladores, alcaldes y estructuras territoriales.

Su respaldo explícito o implícito a cualquier aspirante podría alterar significativamente el equilibrio interno.

Precisamente por eso, su compromiso de no imponer sucesor será sometido a escrutinio a medida que los diferentes proyectos presidenciales comiencen a buscar apoyos dentro de la estructura partidaria.

Hasta ahora, la carrera ya ha dejado señales públicas de competencia. En reuniones anteriores del Comité Nacional se produjeron manifestaciones de apoyo tanto a David Collado como a Carolina Mejía, mientras diferentes grupos internos continúan organizándose alrededor de los aspirantes.

“El Estado pertenece a todos los dominicanos”

Abinader también abordó directamente otro asunto sensible: la coexistencia entre su condición de presidente de la República y presidente del partido gobernante.

El mandatario sostuvo que ambas responsabilidades deben mantenerse claramente diferenciadas.

“El Estado pertenece a todos los dominicanos”, afirmó durante su intervención.

Agregó que mientras ocupe simultáneamente ambas posiciones cuidará “celosamente” la diferencia entre Gobierno y partido y rechazó que el PRM pueda comportarse como propietario de las instituciones públicas.

El planteamiento toca uno de los puntos más delicados de la nueva etapa: cómo evitar que la estructura gubernamental y la estructura partidaria se confundan durante una competencia presidencial interna.

La promesa coloca sobre la dirección del PRM y sobre el propio Gobierno una responsabilidad adicional, especialmente cuando varios de los posibles aspirantes de 2028 ocupan actualmente funciones públicas.

Abinader proyecta al PRM más allá de 2028

El nuevo presidente del partido tampoco ocultó su objetivo electoral.

Durante su discurso afirmó que el PRM aspira no solamente a ganar las elecciones de 2028, sino a conquistar nuevas victorias posteriormente, proyectando la permanencia de la organización en el poder más allá de la salida constitucional de su actual mandatario.

Ese mensaje cambia parcialmente la naturaleza política de su nuevo papel.

Abinader ya no tendrá que construir una candidatura presidencial propia. Su desafío será dirigir una organización con varios aspirantes, preservar la unidad interna durante la competencia y tratar de transferir el respaldo electoral obtenido durante sus administraciones al candidato o candidata que finalmente represente al PRM.

Ese proceso será determinante para saber si el oficialismo llega unido a 2028 o si la lucha por la candidatura produce fracturas entre sus principales corrientes.

El reto de administrar la sucesión

La experiencia política dominicana demuestra que los procesos sucesorios dentro de los partidos gobernantes pueden convertirse en períodos de fuertes tensiones internas.

Para Abinader, el desafío será especialmente complejo porque deberá ejercer tres roles simultáneamente: concluir su mandato presidencial, preservar su legado político y dirigir el partido donde diferentes dirigentes compiten por sustituirlo.

Su promesa de neutralidad será evaluada no solamente por sus declaraciones públicas, sino por decisiones concretas: distribución de responsabilidades partidarias, acceso a las estructuras territoriales, participación de funcionarios en proyectos presidenciales y manejo de eventuales conflictos entre los aspirantes.

Contexto

La nueva dirección nacional del PRM fue escogida para el período 2026-2030. Abinader fue electo sin oposición mediante una plancha consensuada y aprobada por aclamación durante la Asamblea Nacional de Delegados celebrada el pasado 9 de agosto.

Junto al mandatario, Deligne Ascención Burgos ocupa la primera vicepresidencia nacional, con importantes responsabilidades en el funcionamiento cotidiano de la organización, mientras Juan Garrigó Mejía asumió la Secretaría General.

La estructura deberá administrar precisamente el período político más sensible para el oficialismo desde su llegada al poder: la transición hacia una candidatura presidencial sin Luis Abinader en la boleta.

Conclusión

La juramentación de Luis Abinader como presidente del PRM va mucho más allá de un cambio en el organigrama de un partido político.

Desde este domingo, el presidente de la República se convierte también en el principal árbitro institucional de una organización donde varios dirigentes buscan sucederlo.

Abinader promete no escoger un heredero, garantiza igualdad entre los aspirantes y asegura que Gobierno y partido permanecerán separados.

Ahora comienza la etapa más difícil: demostrarlo en la práctica.

Porque mientras el mandatario habla de unidad y neutralidad, la carrera presidencial de 2028 ya está en movimiento.

Análisis | La Voz Nacional

La decisión de Abinader de asumir directamente la presidencia del PRM puede interpretarse como un intento de conservar suficiente autoridad política para conducir una sucesión que amenaza con convertirse en la principal prueba interna del oficialismo.

Su mayor reto no será elegir al candidato.

Será conseguir que quien gane pueda hacerlo sin dejar detrás un partido dividido.

David Collado llega a esta etapa con una posición favorable en diversas mediciones; Carolina Mejía conserva una estructura y un liderazgo político importantes; Raquel Peña y otros dirigentes mantienen sus propias posibilidades. La competencia, por tanto, no puede analizarse exclusivamente desde las encuestas: en una primaria pesan también las estructuras territoriales, las alianzas internas y la capacidad de movilización.

La gran pregunta será cuánto podrá intervenir Abinader sin que esa intervención sea interpretada como favoritismo.

Si mantiene la neutralidad que acaba de prometer, podría convertirse en garante del proceso. Si algún sector percibe que la dirección partidaria favorece a determinado aspirante, esa misma presidencia podría convertirse en el centro del conflicto.

Por eso, 2028 acaba de adquirir una nueva dimensión: ya no se trata únicamente de quién tiene mejores números para suceder a Abinader, sino de quién logrará conquistar el PRM sin romper la unidad que permitió al partido llegar y permanecer en el poder.

Fuentes consultadas

La proclamación, el contenido central del discurso y las declaraciones sobre la sucesión fueron corroborados en Diario Libre y Acento. La información sobre la competencia interna y los aspirantes fue contrastada con reportes recientes sobre el PRM.



REDACCIÓN LA VOZ NACIONAL

Redacción La Voz Nacional

Equipo Editorial | La Voz Nacional

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