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Mayordomía y Misión | Reflexión de Escuela Sabática Adventista del 5 al 11 de septiembre 2026

Biblia abierta al amanecer junto a una escena de servicio y misión cristiana, con personas compartiendo pan y un mapa mundial que representa la mayordomía y la misión de la Iglesia Adventista
Semana del 5 al 11 de septiembre de 2026

Tercer trimestre de 2026: Primera y Segunda a los Corintios

La Lección 11 de la Escuela Sabática para Adultos lleva por título «Mayordomía y Misión» y se concentra especialmente en 2 Corintios 8 y 9. El estudio presenta una idea fundamental: la mayordomía cristiana no consiste simplemente en administrar dinero; consiste en reconocer que todo lo que somos y todo lo que poseemos pertenece a Dios y puede convertirse en un instrumento para su misión.

Texto para memorizar

«…por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos».

2 Corintios 8:9

Lecturas principales de la semana

2 Corintios 8 y 9; Juan 3:16; Juan 17:5; Lucas 9:58; Apocalipsis 13:8; Romanos 12:8; Romanos 15:26-27.


Introducción

Cuando escuchamos la palabra mayordomía, muchas veces pensamos inmediatamente en diezmos, ofrendas y dinero.

Pero la mayordomía bíblica es mucho más profunda.

Somos mayordomos de nuestro tiempo.
De nuestros talentos.
De nuestra influencia.
De nuestro conocimiento.
De nuestro cuerpo.
De nuestra familia.
De nuestras oportunidades.
De nuestros recursos.
Y, sobre todo, somos mayordomos del conocimiento que hemos recibido acerca de Jesucristo.

Por eso mayordomía y misión son inseparables.

Dios no nos bendice solamente para que tengamos más. Nos bendice para que podamos servir mejor.

Dios no nos entrega dones solamente para nuestro beneficio. Nos los confía para que podamos utilizarlos en favor de otros.

Y el modelo supremo no es Pablo, ni los macedonios, ni ninguna iglesia.

El modelo es Jesucristo.

Él poseía las riquezas del cielo y voluntariamente descendió hasta nuestra pobreza para enriquecernos espiritualmente con la salvación.

El evangelio comenzó con un Dios que dio.

Juan 3:16 no dice solamente que Dios amó.

Dice que Dios amó y dio.

Por eso una vida transformada por la gracia inevitablemente comienza a preguntarse:

¿Qué puedo entregar yo para que otra persona conozca a Cristo? 

Este estudio continúa la línea espiritual de la lección anterior, El Ministerio Cristiano Auténtico, donde analizamos cómo el evangelio debe reflejarse en una vida de servicio.

Sábado 5 de septiembre: Mayordomía y Misión

Biblia abierta al amanecer junto a manos que comparten pan, creyentes en misión y un mapa mundial que representa la mayordomía cristiana y la expansión del evangelio
Lectura principal: 2 Corintios 8–9; Juan 3:16


Reflexión

Existe una diferencia enorme entre considerar algo como nuestro y entender que nos ha sido confiado.

Cuando creemos que somos propietarios absolutos, preguntamos:

«¿Cuánto tengo que dar?»

Cuando comprendemos la mayordomía, la pregunta cambia:

«Señor, ¿qué quieres que haga con lo que me has confiado?»

Ese cambio transforma completamente nuestra relación con las posesiones.

Pablo estaba organizando una ayuda para creyentes necesitados de Judea. Sin embargo, detrás de aquella colecta había algo mucho mayor que una necesidad económica.

Había misión.

Había solidaridad.

Había unidad.

Había gracia.

Había adoración.

Y había una oportunidad para que los creyentes demostraran mediante acciones que el evangelio realmente había transformado sus corazones.

Una iglesia puede predicar sobre generosidad y seguir siendo egoísta.

Puede hablar acerca de misión y utilizar prácticamente todos sus recursos para sí misma.

Puede enseñar acerca del sacrificio de Cristo y evitar cualquier sacrificio personal.

La mayordomía auténtica comienza cuando reconocemos que todo procede de Dios.

Nuestra capacidad para trabajar procede de Dios.

Nuestra inteligencia procede de Dios.

Las oportunidades proceden de Dios.

El tiempo procede de Dios.

La vida misma procede de Dios.

Entonces dar deja de ser simplemente perder algo.

Se convierte en participar en aquello que Dios está haciendo.

Enseñanza principal

La mayordomía cristiana consiste en administrar para Dios aquello que Dios previamente puso en nuestras manos.

Aplicación práctica

Pregúntate hoy:

¿Estoy utilizando lo que Dios me ha dado solamente para construir mi propia vida o también para impulsar su misión?

Domingo 6 de septiembre: El ejemplo de Jesús

Jesús lava los pies de un discípulo mientras una Biblia abierta y una cruz al amanecer simbolizan el servicio humilde y el sacrificio cristiano
Lecturas principales: 2 Corintios 8:8-15; Juan 17:5; Filipenses 2:5-8 

Reflexión

Pablo pudo haber utilizado muchos argumentos para motivar a los corintios a dar.

Pero utiliza el argumento más poderoso:

Jesús.

Cristo poseía la gloria celestial.

Sin embargo, voluntariamente asumió nuestra humanidad.

El Creador entró en su creación.

El Rey se hizo siervo.

El que poseía todo experimentó necesidades humanas.

El Señor de la vida finalmente entregó su propia vida.

2 Corintios 8:9 condensa extraordinariamente el evangelio: Cristo se hizo pobre para que nosotros pudiéramos ser enriquecidos por su gracia. La lección utiliza precisamente este ejemplo como fundamento de toda verdadera mayordomía cristiana.

Aquí encontramos algo importante.

Jesús no nos dio simplemente algo.

Se dio a sí mismo.

Y esa diferencia es fundamental.

Podemos entregar dinero sin entregar el corazón.

Podemos realizar actividades religiosas sin entregarnos verdaderamente a Dios.

Podemos ayudar a alguien y seguir viviendo centrados en nosotros mismos.

Pero Cristo nos enseña una mayordomía mucho más profunda:

«Primero entrégate tú».

Antes de preguntarnos cuánto dinero necesita Dios, deberíamos preguntarnos:

¿Tiene Dios mi corazón?

¿Tiene mi tiempo?

¿Tiene mis capacidades?

¿Tiene mis planes?

¿Tiene mis prioridades?

Porque cuando Dios posee el corazón, comienza también a dirigir todo lo demás.

Enseñanza principal

La verdadera mayordomía no empieza con nuestra billetera; empieza cuando nos entregamos completamente a Cristo.

Aplicación práctica

Contempla hoy el sacrificio de Jesús y pregúntate:

Si Cristo estuvo dispuesto a darlo todo por mí, ¿qué área de mi vida sigo resistiéndome a entregarle?

Lunes 7 de septiembre: La motivación

Creyentes sonrientes entregan alimentos y ayuda a una familia necesitada junto a una Biblia abierta, representando la generosidad motivada por la gracia de Dios
Lecturas principales: 2 Corintios 8:1, 5, 8-9; 9:7, 11, 15 

Reflexión

¿Por qué damos?

La respuesta puede revelar mucho acerca de nuestra experiencia espiritual.

Algunas personas dan por costumbre.

Otras por presión.

Algunas porque temen sentirse culpables.

Otras porque esperan recibir algo a cambio.

Pero Pablo presenta una motivación muy diferente:

la gracia de Dios.

Primero Dios dio.

Nosotros simplemente respondemos.

Cristo nos amó.

Nosotros aprendemos a amar.

Cristo se entregó.

Nosotros aprendemos a entregarnos.

La generosidad cristiana no intenta comprar las bendiciones de Dios.

Es una respuesta agradecida porque ya hemos sido bendecidos en Cristo.

Por eso Pablo dice que Dios ama al dador alegre.

Dios no está buscando únicamente una determinada cantidad.

Está mirando el corazón.

Aquí debemos tener cuidado con una espiritualidad basada exclusivamente en transacciones.

«Voy a dar esto para que Dios me dé aquello».

Ese no es el espíritu del evangelio.

No damos para manipular a Dios.

Damos porque hemos comprendido algo del tamaño de su gracia.

Cuanto más entendemos la cruz, menos sentido tiene vivir exclusivamente para nosotros mismos.

La lección identifica la gracia recibida, el ejemplo de Cristo, el deseo de compartir las bendiciones de Dios y el amor sincero como motivaciones fundamentales de la generosidad cristiana.

Enseñanza principal

La mayordomía saludable no nace del miedo ni de la presión; nace de un corazón agradecido por la gracia de Dios.

Aplicación práctica

Antes de entregar tu próxima ofrenda, no lo hagas mecánicamente.

Detente.

Recuerda alguna bendición de Dios.

Piensa en la cruz.

Y entonces da.

Porque cuando recordamos cuánto recibimos de Cristo, nuestra relación con aquello que poseemos comienza a cambiar.

Martes 8 de septiembre: Planificación

Biblia abierta junto a un cuaderno, mapa mundial, globo terráqueo y recursos organizados para representar la planificación responsable de la mayordomía y la misión
Lectura principal: 2 Corintios 9:7 

Reflexión

La espiritualidad no está peleada con la planificación.

Pablo dice que cada creyente debe dar según haya decidido previamente en su corazón.

Eso significa que la generosidad cristiana no debería depender exclusivamente de impulsos emocionales.

Debe existir intención.

Debe existir organización.

Debe existir prioridad.

La propia historia de la salvación revela planificación. La cruz no fue una respuesta improvisada de Dios ante una emergencia inesperada. El propósito redentor estaba en el corazón divino desde antes. La lección conecta este principio con una mayordomía deliberada y proporcional.

Esto tiene una aplicación directa.

Muchas veces decimos:

«Cuando gane más, voy a ayudar».

«Cuando tenga tiempo, serviré».

«Cuando las cosas mejoren, apoyaré la misión».

Pero quizá ese momento nunca llegue.

Porque la fidelidad no comienza cuando tenemos abundancia.

Comienza con aquello que tenemos ahora.

Desde la comprensión adventista de la mayordomía, el diezmo posee una proporción bíblicamente definida, mientras que las ofrendas voluntarias requieren una decisión personal, consciente, proporcional y planificada.

Y el mismo principio puede aplicarse a nuestro tiempo.

Si la misión solamente recibe «el tiempo que sobra», probablemente nunca tendrá suficiente espacio en nuestra agenda.

Podemos planificar también:

un tiempo para estudiar la Biblia,

un tiempo para servir,

un tiempo para evangelizar,

un tiempo para ayudar,

un tiempo para nuestra familia,

un tiempo para desarrollar los talentos que Dios nos entregó.

Enseñanza principal

Aquello que verdaderamente consideramos importante encuentra un lugar en nuestro presupuesto y en nuestro calendario.

Aplicación práctica

Revisa esta semana dos cosas:

tu agenda y tus gastos.

Luego pregúntate:

¿Reflejan ambos las prioridades espirituales que digo tener?

Miércoles 9 de septiembre: Actitud

Familia cristiana de recursos modestos entrega una ofrenda con alegría frente a una Biblia abierta, reflejando una actitud de generosidad y gratitud a Dios
Lectura principal: 2 Corintios 8:1-5 

Reflexión

Los macedonios protagonizan uno de los ejemplos más impactantes de generosidad del Nuevo Testamento.

Lo sorprendente no es que fueran ricos y dieran mucho.

Es precisamente lo contrario.

Experimentaban grandes dificultades y, sin embargo, manifestaron extraordinaria generosidad.

La lección destaca varias características de su actitud: alegría, generosidad, voluntariedad, sentido de privilegio y, sobre todo, una entrega previa de ellos mismos al Señor.

Aquí aparece una gran verdad:

la generosidad no depende únicamente de cuánto tenemos, sino de quién gobierna nuestro corazón.

Una persona puede poseer muchísimo y vivir esclavizada por la avaricia.

Otra puede tener relativamente poco y poseer un espíritu extraordinariamente generoso.

Los macedonios no consideraron la oportunidad de ayudar como una carga.

La consideraron un privilegio.

Qué diferencia.

A veces pensamos:

«Otra ofrenda».

«Otra actividad».

«Otra responsabilidad».

«Otra persona que necesita ayuda».

Ellos parecían pensar:

«Gracias a Dios porque podemos participar».

Ese debería ser el espíritu de la misión.

No servimos porque Dios esté incapacitado para cumplir su obra sin nosotros.

Servimos porque nos concede el privilegio de participar en algo eterno.

El dinero que gastamos desaparece.

Los bienes envejecen.

Los reconocimientos humanos pasan.

Pero una persona alcanzada por el evangelio tiene valor eterno.

Enseñanza principal

La mayordomía revela nuestra actitud: podemos relacionarnos con la obra de Dios como una carga o como un privilegio.

Aplicación práctica

Hoy cambia una frase.

En vez de decir:

«Tengo que servir a Dios».

Di:

«Tengo el privilegio de servir a Dios».

La obligación puede producir actividad.

La gratitud produce entrega. 

Jueves 10 de septiembre: Unidad

Grupo multicultural de creyentes ora alrededor de una Biblia abierta bajo un mapa mundial iluminado, simbolizando la unidad de la iglesia en la misión global
Lecturas principales: 2 Corintios 8:16-24; Romanos 15:26-27
 

Reflexión

La colecta organizada por Pablo tenía también una dimensión profundamente espiritual.

Los creyentes gentiles estaban ayudando a hermanos judíos necesitados.

En una iglesia donde las diferencias culturales podían convertirse fácilmente en divisiones, aquella ofrenda enviaba un mensaje poderoso:

somos una sola familia en Cristo.

La misión une.

Cuando una congregación comienza a mirar solamente hacia sí misma, fácilmente aparecen luchas internas.

Quién dirige.

Quién recibe reconocimiento.

Qué grupo tiene mayor influencia.

Quién ocupa determinado puesto.

Pero cuando la iglesia levanta los ojos y contempla un mundo que necesita a Cristo, muchas diferencias comienzan a parecer pequeñas.

Pablo entendió además que los recursos destinados a la misión debían administrarse responsablemente. La colecta fue confiada a personas reconocidas y escogidas dentro de la comunidad cristiana, vinculando generosidad, transparencia y unidad eclesiástica.

Esto también tiene una aplicación contemporánea.

La Iglesia Adventista es una iglesia mundial.

Cuando contribuimos a la misión, podemos estar participando en la predicación del evangelio en un lugar que probablemente nunca visitaremos.

Quizá nunca conozcamos personalmente a determinadas personas alcanzadas mediante una ofrenda.

Pero en el Reino de Dios podemos descubrir que nuestra fidelidad formó parte de una cadena mediante la cual alguien conoció a Jesús.

Ese es uno de los milagros de la misión.

Dios conecta recursos, personas, dones y oportunidades para alcanzar lugares que individualmente jamás podríamos alcanzar.

Enseñanza principal

La mayordomía orientada a la misión nos recuerda que pertenecemos a una iglesia y a una obra mucho mayores que nosotros mismos.

Aplicación práctica

Ora hoy no solamente por tu iglesia local.

Ora por la iglesia mundial.

Por misioneros.

Por pastores.

Por colportores.

Por maestros.

Por médicos.

Por comunicadores.

Por jóvenes voluntarios.

Y por cada creyente que está llevando el evangelio allí donde tú probablemente nunca podrás ir personalmente.

Viernes 11 de septiembre: Para estudiar y meditar

Creyente ora en silencio frente a una Biblia abierta y un cuaderno durante el amanecer, en una escena de estudio, meditación y reflexión espiritual

La lección recomienda estudiar el capítulo «Una iglesia generosa», de Los hechos de los apóstoles, de Elena G. de White. También dirige la atención hacia principios desarrollados en Consejos sobre mayordomía cristiana. La idea central es que el dinero, el tiempo, la influencia y los dones recibidos pueden utilizarse para promover el evangelio y bendecir a otros.

Reflexión

Después de estudiar toda la semana podemos comprender que hablar de mayordomía únicamente en términos financieros sería reducir enormemente la enseñanza bíblica.

Dios quiere nuestro dinero.

Pero no solamente nuestro dinero.

Quiere nuestro corazón.

Quiere nuestro tiempo.

Quiere nuestras capacidades.

Quiere nuestra influencia.

Quiere nuestro conocimiento.

Quiere nuestros planes.

Quiere nuestra profesión.

Quiere nuestras oportunidades.

Y todo eso no porque Dios necesite enriquecerse.

Todo ya le pertenece.

La mayordomía existe porque nosotros necesitamos aprender a vivir como ciudadanos del Reino de Dios.

Cada acto de generosidad golpea al egoísmo.

Cada sacrificio voluntario nos recuerda que este mundo no es nuestro hogar definitivo.

Cada ofrenda misionera declara que la salvación de una persona vale más que la acumulación de cosas.

Cada hora dedicada al servicio declara que nuestro tiempo tiene una finalidad superior.

Desde una perspectiva adventista, esto posee además una dimensión escatológica.

Esperamos el regreso de Jesús.

Creemos que existe un mensaje que debe llegar «a toda nación, tribu, lengua y pueblo».

Entonces la pregunta inevitable es:

¿Cómo estamos utilizando aquello que Dios puso en nuestras manos durante el poco tiempo que tenemos?

La Segunda Venida no debería llevarnos a abandonar nuestras responsabilidades.

Debería convertirnos en mejores mayordomos.

Porque sabemos que algún día tendremos que entregar cuentas al verdadero Propietario. 

Las grandes enseñanzas de esta semana

Jesús es el modelo supremo de mayordomía: se entregó completamente para nuestra salvación.
La gracia es la motivación: damos porque primero hemos recibido de Dios.
La mayordomía requiere planificación: nuestra fidelidad debe ser intencional, no accidental.
La actitud importa: Dios desea una entrega voluntaria, alegre y generosa.
Primero debemos entregarnos nosotros mismos al Señor.
La mayordomía incluye mucho más que dinero: tiempo, talentos, oportunidades, influencia y vida.
La misión da propósito a nuestros recursos.
La generosidad fortalece la unidad de la iglesia.
Los recursos de Dios deben administrarse con responsabilidad y transparencia.
Una iglesia que espera a Cristo debe utilizar lo que posee para ayudar a que otros conozcan a Cristo.

La lección dentro del Gran Conflicto

El Gran Conflicto también se libra alrededor de una pregunta:

¿Quién ocupará el centro de nuestra vida?

El espíritu de Satanás dice:

«Acumula».

«Vive para ti».

«Protege lo tuyo».

«Busca primero tu comodidad».

«Utiliza a los demás para alcanzar tus objetivos».

El espíritu de Cristo dice:

«Da».

Cristo entregó su posición.

Entregó su comodidad.

Entregó su tiempo.

Entregó sus fuerzas.

Entregó su vida.

La cruz es la demostración definitiva de que el carácter de Dios es generoso.

Por eso cada vez que un cristiano sirve desinteresadamente, comparte, ayuda, sacrifica tiempo por alguien, sostiene la misión o utiliza sus talentos para llevar una persona a Jesús, está revelando algo acerca del carácter de Dios.

La mayordomía es, por tanto, mucho más que administración.

También es testimonio.

Aplicación práctica para nuestra vida

Al terminar esta semana podemos hacernos cinco preguntas muy personales.

¿Quién es realmente el dueño de lo que tengo?

¿Estoy utilizando mis recursos de acuerdo con mis prioridades espirituales?

¿Existe algún talento que Dios me dio y todavía no estoy utilizando para servir?

¿Estoy dando a Dios solamente de lo que me sobra?

Y quizá la pregunta más profunda:

Si Jesús me lo dio todo, ¿qué parte de mi vida sigo considerando exclusivamente mía?

Puede ser dinero.

Puede ser tiempo.

Puede ser una profesión.

Puede ser influencia.

Puede ser conocimiento.

Puede ser una plataforma digital.

Puede ser nuestro hogar.

Puede ser nuestra capacidad para enseñar.

Dios puede utilizar prácticamente cualquier cosa cuando primero colocamos nuestra vida en sus manos. 

Reflexión final de la semana

La mayordomía cristiana comienza con una verdad sencilla:

Nada trajimos a este mundo y nada podremos llevarnos.

Durante unos pocos años administramos aquello que pertenece a Dios.

El problema no es poseer cosas.

El problema comienza cuando las cosas terminan poseyéndonos.

El dinero puede ser una herramienta.

El tiempo puede ser una herramienta.

Nuestra profesión puede ser una herramienta.

La tecnología puede ser una herramienta.

Nuestros talentos pueden ser herramientas.

La pregunta es:

¿En manos de quién están?

Jesús pudo permanecer en la gloria.

Pero vino.

Pudo conservar sus privilegios.

Pero se humilló.

Pudo evitar la cruz.

Pero se entregó.

Y gracias a su entrega nosotros tenemos esperanza.

Por eso la mayor lección de esta semana no es:

«Debes dar más».

Es mucho más profunda:

«Mira cuánto Cristo dio por ti».

Cuando realmente comprendemos eso, la generosidad deja de ser una obligación religiosa y se convierte en una respuesta de amor.

Quizá la mejor oración de un mayordomo cristiano sea simplemente:

«Señor, todo lo que soy y todo lo que tengo viene de ti. Muéstrame cómo utilizarlo para tu gloria».

Oración final

Padre celestial,

reconocemos que todo lo que tenemos procede de ti.

Nuestra vida, nuestra salud, nuestro tiempo, nuestros talentos, nuestra familia, nuestras oportunidades y nuestros recursos son regalos de tu gracia.

Perdónanos por las veces que hemos vivido como propietarios cuando en realidad somos mayordomos.

Perdónanos cuando hemos utilizado tus bendiciones solamente para nosotros y hemos olvidado a quienes necesitan ayuda, esperanza y salvación.

Gracias por Jesucristo, quien teniendo la gloria del cielo estuvo dispuesto a entregarse completamente por nosotros.

Danos el corazón de Jesús.

Enséñanos a dar con alegría, a servir con humildad, a planificar con sabiduría y a vivir pensando en tu misión.

Ayúdanos a comprender que nuestra mayor riqueza no está en aquello que podemos acumular, sino en aquello que podemos colocar en tus manos para bendecir a otros.

Que nuestro dinero te glorifique.

Que nuestro tiempo te glorifique.

Que nuestros talentos te glorifiquen.

Que nuestra profesión te glorifique.

Que nuestra influencia te glorifique.

Y que toda nuestra vida pueda contribuir para que alguien conozca a Jesús y esté preparado para su pronto regreso.

Haznos fieles hasta aquel día cuando escucharemos tu voz y podremos devolverte todo aquello que nos confiaste.

En el nombre de Jesús. Amén.

Conclusión

«Mayordomía y Misión» nos conduce finalmente hasta la cruz.

Allí encontramos al mayor Dador.

Allí descubrimos la verdadera motivación.

Allí entendemos que el cristianismo no consiste solamente en recibir salvación, sino en convertirnos en instrumentos mediante los cuales otros puedan conocer esa salvación.

Cristo se entregó para rescatarnos.

Ahora nos invita a utilizar aquello que nos ha confiado para alcanzar a otros.

La pregunta final no es solamente cuánto poseemos.

Es mucho más importante:

¿Qué está haciendo Dios con aquello que poseemos?

Cuando Cristo gobierna nuestro corazón, nuestras posesiones dejan de ser un fin y se convierten en herramientas.

Nuestro tiempo adquiere propósito.

Nuestros talentos encuentran misión.

Nuestra influencia puede convertirse en testimonio.

Y nuestra vida comienza a declarar:

«Todo pertenece a Dios y quiero utilizarlo para su gloria».

Análisis | La Voz Nacional

La Lección 11 toca un aspecto especialmente sensible del cristianismo contemporáneo porque hablar de dinero dentro de la religión puede generar inmediatamente desconfianza.

Y existen razones para ello.

La fe puede ser distorsionada cuando la prosperidad material se presenta como evidencia automática de espiritualidad o cuando la generosidad se obtiene mediante presión emocional.

Pero 2 Corintios 8 y 9 presentan algo completamente diferente.

Pablo no comienza con una exigencia económica.

Comienza con la gracia.

Y coloca a Cristo como modelo.

Ese orden es fundamental.

El evangelio no dice:

«Da para que Dios te ame».

Dice:

«Dios te amó y se entregó por ti; ahora permite que esa gracia transforme también tu relación con aquello que posees».

Esta diferencia protege la mayordomía de convertirse en simple recaudación.

La convierte en discipulado.

Desde una perspectiva adventista, la mayordomía también está directamente relacionada con la misión mundial. Una iglesia que cree realmente que Cristo regresará y que el evangelio debe alcanzar a toda nación necesita personas dispuestas a colocar recursos, conocimientos, tiempo, profesiones y capacidades al servicio de ese propósito.

Pero la lección presenta igualmente un desafío individual.

No podemos exigir una iglesia generosa formada por cristianos egoístas.

La misión comienza en el corazón.

Antes del presupuesto está la conversión.

Antes de la ofrenda está la entrega personal.

Antes del dinero está la pregunta:

¿Pertenezco realmente a Cristo?

Los macedonios dieron primero sus propias vidas al Señor y después sus recursos.

Ese orden continúa siendo indispensable.

Porque cuando Cristo posee al creyente, tarde o temprano comenzará también a gobernar su calendario, sus prioridades, sus recursos y sus decisiones.

La mayordomía cristiana auténtica no intenta convertir a Dios en un mecanismo para obtener prosperidad.

Hace exactamente lo contrario:

nos libera de vivir exclusivamente para nosotros mismos.

Y quizá esa sea una de las mayores necesidades espirituales de nuestro tiempo.

Vivimos dentro de una cultura que continuamente nos dice que necesitamos más.

Más dinero.

Más reconocimiento.

Más posesiones.

Más visibilidad.

Más comodidad.

El evangelio introduce una pregunta completamente distinta:

¿Qué puedo hacer con lo que Dios ya me dio para que otra persona sea bendecida?

Ahí es donde mayordomía y misión finalmente se encuentran.

Fuentes consultadas

La semana, el título oficial, el texto central y las lecturas corresponden a la Lección 11 del tercer trimestre de 2026, “Mayordomía y Misión”, dedicada al estudio de Primera y Segunda a los Corintios.

Para el desarrollo diario se verificaron los apartados oficiales El ejemplo de Jesús, La motivación, Planificación, Actitud, Unidad y Para estudiar y meditar.

El estudio del viernes remite a Elena G. de White, Los hechos de los apóstoles, capítulo «Una iglesia generosa», y a principios de Consejos sobre mayordomía cristiana. 

Autor: Wilandy
REDACCIÓN LA VOZ NACIONAL

Redacción La Voz Nacional

Equipo Editorial | La Voz Nacional

Contenido elaborado y revisado por el equipo editorial de La Voz Nacional, comprometido con informar con responsabilidad, equilibrio e interés público.

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