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¿Quién intenta quedarse con tierras de la Reforma Agraria? Gobierno activa plan tras denuncias de invasiones

Campesinos observan terrenos agrícolas mientras autoridades y agrimensores realizan labores de inspección y medición por conflictos vinculados a tierras de la Reforma Agraria en República Dominicana
Organizaciones campesinas denuncian maniobras para desplazar a productores de terrenos destinados a la Reforma Agraria y alegan la existencia de supuestos abogados y padrinazgos de civiles, policías y militares. Justicia, Agricultura y el IAD crearán una comisión para investigar los casos y determinar quién tiene realmente derecho sobre las tierras. 

SANTO DOMINGO, República Dominicana.– El Gobierno dominicano puso en marcha un plan para investigar y enfrentar ocupaciones irregulares de terrenos pertenecientes a proyectos de la Reforma Agraria, luego de que organizaciones campesinas denunciaran intentos de despojar a productores que aseguran ocupar y trabajar legítimamente esas parcelas.

La situación abre una interrogante de alto interés público: ¿quién está intentando apropiarse de tierras que fueron destinadas por el Estado a la producción agrícola y a familias beneficiarias de la Reforma Agraria?

Hasta ahora no existe una respuesta definitiva ni han sido identificadas públicamente personas específicas como responsables. Lo que sí existe son denuncias formuladas por organizaciones campesinas y una decisión oficial de investigar cada expediente.

El Ministerio de Justicia, el Ministerio de Agricultura y el Instituto Agrario Dominicano (IAD) acordaron realizar un levantamiento de los casos y establecer una ruta de intervención jurídica, técnica y operativa en diferentes zonas del país.

¿Dónde están ocurriendo los conflictos?

Entre los lugares señalados por las autoridades y organizaciones campesinas figuran Mogollón, en San Juan; Villa Riva; Montecristi; Monte Plata y Villa Altagracia, además de otros proyectos de la Reforma Agraria que serían incorporados progresivamente al levantamiento.

No todos los conflictos necesariamente tienen el mismo origen.

El ministro de Justicia, Antoliano Peralta, explicó que cada situación será estudiada individualmente, debido a que aunque puedan presentar características parecidas, las circunstancias jurídicas y territoriales son diferentes.

Esto significa que el Gobierno tendrá que determinar parcela por parcela quién figura como beneficiario, quién ocupa actualmente el terreno, cuál es la documentación existente, cómo se produjo cualquier transferencia y si existen actuaciones contrarias a las normas que regulan las propiedades de la Reforma Agraria.

Campesinos denuncian supuestos entramados para desplazar parceleros

Uno de los elementos más delicados surgió de las propias organizaciones campesinas.

Representantes del sector denunciaron que personas interesadas en controlar determinados terrenos utilizarían distintas maniobras para tratar de desplazar a productores.

Según esas denuncias —que deberán ser verificadas por las autoridades— en algunos casos se recurriría a supuestos abogados y alegados padrinazgos de civiles, policías y militares para crear estructuras dirigidas a apoderarse de terrenos.

La afirmación es grave, pero hasta el momento las informaciones divulgadas públicamente no identifican a los presuntos responsables ni establecen responsabilidades individuales.

Por tanto, no puede afirmarse que policías, militares, abogados u otras personas específicas formen parte de una estructura ilegal hasta que una investigación produzca pruebas y se determinen responsabilidades conforme al debido proceso.

Gobierno crea comisión para revisar los expedientes

El plan será coordinado entre el ministro de Justicia, Antoliano Peralta; el ministro de Agricultura, Francisco Oliverio Espaillat; y el director general del Instituto Agrario Dominicano, Darío Castillo Lugo.

Será conformada una comisión técnica interinstitucional encargada de documentar los casos, estudiar la situación jurídica y territorial de los terrenos y recomendar las actuaciones correspondientes.

El proceso también contempla mecanismos para avanzar en la regularización y titulación definitiva de beneficiarios que cumplan los requisitos correspondientes.

Días antes, Agricultura y el IAD ya habían creado una comisión interinstitucional para atender las principales necesidades planteadas por organizaciones de parceleros y desarrollar un programa de trabajo en las diez regiones del país. 

El problema de fondo: tierra trabajada durante décadas sin título definitivo

La controversia vuelve a colocar sobre la mesa una de las principales debilidades históricas de la Reforma Agraria dominicana: numerosos productores han trabajado terrenos durante años sin completar el proceso que les otorgue seguridad jurídica definitiva.

El propio Gobierno reconoció al reorganizar el Instituto Agrario Dominicano que existen más de 127,000 parceleros distribuidos en 604 asentamientos agrarios, mientras el IAD concentra actualmente sus esfuerzos en identificar y regularizar más de 10.8 millones de tareas vinculadas a la Reforma Agraria.

Esa situación puede generar un terreno particularmente complejo.

Una cosa es tener años ocupando y produciendo una parcela.

Otra es ser beneficiario reconocido de la Reforma Agraria.

Y otra jurídicamente diferente es disponer de un título definitivo registrado.

Cuando esas condiciones no coinciden, aumenta la posibilidad de disputas, ocupaciones, ventas irregulares, reclamaciones superpuestas y procesos judiciales.

¿Se pueden vender libremente las parcelas de la Reforma Agraria?

No puede tratarse una parcela de Reforma Agraria exactamente igual que cualquier propiedad inmobiliaria privada.

El marco normativo dominicano incluye la Ley 5879 de Reforma Agraria, que creó el Instituto Agrario Dominicano, y otras disposiciones especiales relacionadas con la utilización y transferencia de estas tierras.

Dentro de esa legislación se encuentra la Ley 145 de 1975, identificada por el propio IAD como la legislación que prohíbe donar, vender o negociar parcelas de la Reforma Agraria bajo las condiciones establecidas por ese régimen especial.

Por eso, ante cualquier supuesto contrato privado de venta, cesión o transferencia, será indispensable determinar primero la naturaleza jurídica del inmueble, la situación del beneficiario y las autorizaciones que correspondan.

No basta necesariamente con presentar un documento privado para demostrar que una persona adquirió legítimamente una parcela perteneciente a un proyecto de Reforma Agraria.

La Constitución también protege la Reforma Agraria

El asunto no es solamente administrativo.

El artículo 51 de la Constitución dominicana reconoce el derecho de propiedad y al mismo tiempo establece la función social de la tierra.

Su numeral 3 declara de interés social la dedicación de la tierra a fines útiles y establece como objetivo de la política social del Estado promover la Reforma Agraria e integrar efectivamente a la población campesina al desarrollo nacional. 

Por tanto, cualquier intervención estatal deberá mantener un equilibrio fundamental:

proteger a los beneficiarios legítimos frente a ocupaciones ilegales, pero también respetar el derecho de defensa y el debido proceso de cualquier persona que presente una reclamación jurídicamente sustentada.

La tierra también significa producción de alimentos

El ministro de Agricultura vinculó directamente la seguridad jurídica de estas tierras con la producción agropecuaria.

Y esa relación adquiere especial importancia en un momento en que el campo dominicano enfrenta presiones provocadas por sequía, disponibilidad de agua y pérdidas reportadas en determinados cultivos.

Si una parcela productiva queda durante años sometida a litigios, invasiones o incertidumbre sobre quién tiene derecho a explotarla, el problema deja de ser exclusivamente inmobiliario.

También puede convertirse en un problema económico y alimentario.

La Reforma Agraria fue concebida precisamente para colocar tierras en producción y facilitar que familias campesinas pudieran desarrollar actividades agropecuarias.

¿Qué deberá determinar la investigación?

La comisión tiene por delante varias preguntas fundamentales:

¿Quiénes son los beneficiarios originales de las parcelas actualmente en conflicto?

¿Quiénes las ocupan hoy?

¿Existen títulos definitivos o solamente asignaciones provisionales?

¿Se produjeron ventas, cesiones o traspasos?

¿Fueron legalmente autorizados?

¿Existen documentos falsificados o contratos jurídicamente inválidos?

¿Hay funcionarios públicos, miembros de organismos de seguridad, abogados o particulares que hayan utilizado influencia para favorecer ocupaciones?

¿Se están utilizando los terrenos para producir o fueron desviados hacia otros fines?

Responder estas preguntas será más importante que limitarse a ejecutar desalojos.

Antecedentes: el IAD acelera regularización y titulación

Desde 2026 el Instituto Agrario Dominicano ha concentrado una parte importante de su nueva estructura institucional en la regularización de terrenos y la entrega de títulos definitivos.

En junio, el IAD y la Dirección General de Catastro Nacional firmaron un acuerdo para reforzar levantamientos catastrales, evaluaciones inmobiliarias y recopilación de información territorial en terrenos administrados por el Estado.

Ese mismo mes, el Instituto anunció nuevas resoluciones dirigidas a regularizar determinadas ocupaciones históricas, estableciendo evaluaciones jurídicas, técnicas y socioeconómicas antes de cualquier proceso de transferencia. 

El nuevo conflicto demuestra por qué la regularización resulta crucial.

Mientras permanezca indefinido quién tiene derechos definitivos sobre determinadas parcelas, continuará existiendo espacio para disputas y reclamaciones.

Impacto: propiedad, campo y seguridad alimentaria

La intervención anunciada puede tener consecuencias que van más allá de recuperar determinados terrenos.

Si el Gobierno logra identificar a los beneficiarios legítimos, completar procesos de titulación y establecer mecanismos que eviten nuevas ocupaciones, podría aumentar la seguridad jurídica en cientos de asentamientos.

Pero si únicamente se resuelven casos individuales sin corregir las debilidades registrales y administrativas que permiten la repetición de estos conflictos, el problema podría reaparecer.

La dimensión productiva tampoco debe subestimarse.

Más de 127,000 parceleros forman parte del sistema de asentamientos agrarios dominicano. Lo que ocurre con esas tierras repercute sobre familias rurales, producción agropecuaria, empleo y disponibilidad de alimentos.

Conclusión

El anuncio del Gobierno representa apenas el comienzo de una investigación que tendrá que responder una pregunta central:

¿quién está intentando quedarse con terrenos de la Reforma Agraria y mediante qué mecanismos?

Las denuncias formuladas por organizaciones campesinas son suficientemente graves para justificar una investigación profunda, especialmente cuando incluyen alegaciones sobre supuestas influencias de civiles, abogados, policías y militares.

Pero precisamente por su gravedad requieren pruebas.

El próximo paso debe ser identificar los terrenos en conflicto, reconstruir su historial jurídico, determinar quiénes son los beneficiarios legítimos y establecer, caso por caso, si existieron ocupaciones, transferencias ilegales, falsificaciones, tráfico de influencias u otras actuaciones sancionables.

Solo entonces podrán establecerse responsabilidades.

Análisis | La Voz Nacional

El verdadero problema que revela esta controversia no parece limitarse a una serie de invasiones aisladas.

Expone una vulnerabilidad histórica de la Reforma Agraria dominicana: la distancia que durante décadas ha existido entre recibir una parcela, trabajarla y finalmente convertirse en propietario con un título definitivo plenamente regularizado.

Ese espacio de incertidumbre tiene consecuencias.

Cuando un agricultor trabaja durante veinte, treinta o cuarenta años una tierra sin tener completamente saneada su situación jurídica, queda expuesto a reclamaciones, conflictos familiares, documentos cuestionables, operaciones privadas y personas que pueden intentar aprovechar las debilidades del sistema.

Por eso esta investigación no debería convertirse únicamente en un operativo de desalojos.

La pregunta no es solamente quién está ocupando la tierra.

La pregunta jurídica es quién tiene derecho a ella y cómo puede demostrarlo.

Si existen personas utilizando contactos políticos, militares, policiales, económicos o profesionales para apropiarse ilegalmente de terrenos del Estado o desplazar beneficiarios legítimos, las instituciones tienen que identificar esos casos y presentarlos ante los organismos competentes.

Pero si existen personas que adquirieron derechos legítimos o presentan reclamaciones jurídicamente sustentadas, también deben tener oportunidad de demostrarlo.

Ese equilibrio es precisamente lo que significa debido proceso.

Hay otra dimensión que el país tampoco debería ignorar.

República Dominicana discute actualmente cómo garantizar suficiente producción de alimentos ante sequías, cambios climáticos y mayores costos productivos. En ese contexto, permitir que terrenos destinados a la producción agrícola permanezcan improductivos o atrapados durante años en disputas es un problema nacional.

El Gobierno tiene ahora la oportunidad de hacer algo más profundo que recuperar parcelas.

Puede realizar una auditoría territorial de la Reforma Agraria, identificar quién ocupa cada terreno, determinar cuál es su situación registral, comprobar si está cumpliendo su finalidad productiva y acelerar la titulación de quienes legítimamente tienen derecho.

La pregunta inicial es quién intenta quedarse con estas tierras.

Pero la pregunta de fondo probablemente sea todavía más importante:

¿cómo pudo el sistema permitir que terrenos destinados a la Reforma Agraria llegaran a estar sometidos a disputas capaces de amenazar la permanencia de los propios productores?

Fuentes consultadas

Diario Libre, 15 de septiembre de 2026: información sobre el plan gubernamental contra ocupaciones e invasiones de terrenos de la Reforma Agraria, declaraciones de Justicia y Agricultura y denuncias formuladas por organizaciones campesinas. 

Instituto Agrario Dominicano (IAD): documentación oficial sobre reorganización institucional, regularización, titulación, Ley 5879 y Ley 145.

Presidencia de la República: datos oficiales sobre más de 127,000 parceleros, 604 asentamientos y más de 10.8 millones de tareas vinculadas al proceso de identificación y regularización.

Dirección General de Catastro Nacional: acuerdo con el IAD para acelerar levantamientos catastrales y procesos de titulación. 

Constitución de la República Dominicana, proclamada el 27 de octubre de 2024: artículo 51 sobre derecho de propiedad y Reforma Agraria.
REDACCIÓN LA VOZ NACIONAL

Redacción La Voz Nacional

Equipo Editorial | La Voz Nacional

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